Un código de barras mal calculado son mil etiquetas a la basura
Cairos comprueba el dígito de control antes de guardar nada, genera códigos internos para lo que no lleva el del fabricante, imprime el pliego de etiquetas en tres tamaños de papel y lee el código desde el buscador, desde la línea de factura y desde la cámara del móvil.
Seis cosas que hacen que el lector no falle en caja
Un código de barras no es un texto: es un número con reglas. Casi todos los problemas de una caja que no lee vienen de haberlo tratado como si fuera un nombre.
El dígito de control, comprobado
EAN-13, EAN-8 y UPC-A se validan de verdad, no sólo por su longitud. Un código con el dígito mal es un código que ningún lector de tienda va a aceptar, y sin esta comprobación te enteras al imprimir mil etiquetas y pasarlas por caja.
Códigos internos para lo que no trae ninguno
El producto a granel, el que preparas tú, el que llega sin etiquetar. Cairos genera un EAN-13 válido con los prefijos que GS1 deja libres para uso interno de la tienda, del 20 al 29, así que no puede chocar con el código real de ningún fabricante.
El pliego de etiquetas, en papel de verdad
Tres tamaños medidos en milímetros —38 × 21, 51 × 25 y 70 × 37—, que son los pliegos que se compran en cualquier papelería. Van en milímetros y no en píxeles porque una etiqueta se mide con una regla y tiene que entrar en el hueco de la estantería.
Se dibujan en vectorial, no en imagen
Las barras se dibujan como trazos y no como una foto ampliada. Es la diferencia entre salir nítidas del papel y salir emborronadas, que es cuando el lector de la caja deja de leerlas y todo el mundo culpa al lector.
Escanear con el teléfono
En la aplicación móvil, la cámara lee el código y busca el artículo, también en mitad de un recuento. Sin comprar terminales: el teléfono que ya lleva la persona que está contando.
Y con un lector de los de siempre
Un lector USB se comporta como un teclado: escribe el código y da un Intro. Funciona en el buscador y en las líneas de una factura sin instalar nada, porque lo que llega se limpia antes de buscar.
Captura del ERP: Seis cosas que hacen que el lector no falle en caja
Lo que pasa entre el lector y la base de datos
Aquí es donde se pierden las horas, y siempre por lo mismo: el mismo artículo guardado de dos formas distintas.
- Al guardar, del código se queda sólo lo que es: dígitos. Los espacios, los guiones de separación y el Intro del lector se caen por el camino.
- Por eso el mismo producto no acaba guardado dos veces —una con guiones desde una hoja de cálculo y otra sin ellos desde el lector— y el escaneo siempre lo encuentra.
- Dos variantes de un producto no pueden compartir código: un código repetido en caja saca dos artículos distintos.
- Las etiquetas de lote usan Code128, que admite letras, porque un lote se llama L2026-04A y eso no cabe en un EAN.
- La vista previa tiene tope de etiquetas: pedir novecientas de cada artículo de un catálogo grande sólo sirve para dejar el navegador dibujando lo que nadie va a mirar.
- El código viaja también al importador, así que si vienes de otro programa llega con los artículos.
Qué código le corresponde a cada artículo
La duda de siempre al empezar es si hay que comprar códigos. La respuesta depende de una sola cosa: si tu producto va a pasar por la caja de otro.
Si lo revendes, el código ya existe. Viene impreso por el fabricante y es el que hay que teclear o escanear en la ficha. No se inventa uno propio para un producto que ya lo trae: en la caja de tu cliente leerán el del fabricante.
Si el producto lo preparas tú y sólo se vende en tu tienda —el granel, el envasado propio, el kit que montas— con un código interno basta y sobra. Cairos lo genera con los prefijos del 20 al 29, que GS1 reserva justo para esto y que ningún fabricante puede usar.
Si el producto es tuyo y va a venderse en la tienda de otro, ahí sí hace falta un prefijo de empresa, y eso se contrata en GS1: es una cuota anual y no la sustituye ningún programa. Lo decimos porque conviene saberlo antes de imprimir nada.
Escanear de verdad: dónde se usa cada cosa
Hay dos formas de leer un código y no compiten, se reparten el trabajo.
El lector USB es lo que se pone fijo en un mostrador o en una mesa de recepción. No hace falta configurar nada porque el sistema operativo lo ve como un teclado: apuntas, suena, y el código aparece escrito en el buscador o en la línea que estabas rellenando. Es más rápido que cualquier cámara y no se queda sin batería.
La cámara del móvil es lo que se lleva encima cuando hay que moverse: el recuento por las estanterías, la recepción en el muelle, la comprobación de un pedido. Se usa desde la aplicación móvil, sin instalar nada de una tienda de aplicaciones, y va bien justo donde el lector fijo no llega.
En un recuento la diferencia se nota mucho: contar escaneando quita el paso de buscar la referencia en una lista, que es donde se cuela el error de anotar la cantidad en la fila de al lado.
Lo que este módulo todavía no hace
- Comprar el prefijo de empresa por ti. Eso se contrata en GS1 y es una cuota anual suya.
- QR de producto ni DataMatrix. Se dibujan EAN-13, EAN-8, UPC-A y Code128 para lote.
- Imprimir directo a una etiquetadora térmica con su propio lenguaje. Sale un pliego para imprimir en papel de etiquetas normal.
- Cobrar en el mostrador. Escanear y facturar sí; el TPV como tal es uno de los módulos que todavía no están abiertos.
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Preguntas frecuentes
Que el lector no sea la excusa
Con el dígito comprobado, el código limpio y la etiqueta impresa en vectorial, la caja lee a la primera.
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